Washington publicó el día de ayer lo que no es un simple memorándum de política pública, sino una verdadera doctrina de guerra que marca el fin de la era de la contención en la lucha contra las sustancias ilícitas. La National Drug Control Strategy 2026 clasifica formalmente al fentanilo como un Arma de Destrucción Masiva, equiparando el tráfico de esta sustancia con un asalto químico contra la seguridad nacional de los Estados Unidos. Esta designación no es solo semántica, pues activa poderes legales reservados para el combate al terrorismo global, permitiendo el uso de todos los instrumentos del poder nacional, incluyendo los militares, para cazar a los responsables en sus refugios seguros.
Bajo esta nueva lógica, los cárteles mexicanos han dejado de ser simples grupos criminales para ser tratados como organizaciones terroristas extranjeras. Esto activa el brazo del HSTF National Coordination Center, un mando unificado que integra a la DEA, FBI, DHS y la comunidad de inteligencia para operar sin los silos burocráticos del pasado y con expedientes compartidos. El objetivo es explícito y no se detiene en los capos: el blanco incluye liderazgos, redes logísticas y cualquier persona o empresa que les brinde apoyo material o financiero. Washington ha dejado los eufemismos de lado y advierte que no respetará la soberanía si esta sirve como escudo para el narcotráfico, señalando directamente la ausencia de voluntad política para tomar acciones decisivas en los países de origen, o sea, le está exigiendo a México más extradiciones y acciones contra los cárteles.
Para la 4T, el panorama es sombrío. Según el análisis de figuras como Simón Levy, esta reclasificación del fentanilo será la base de una acusación formal contra el ex presidente López Obrador por la muerte sistemática de más de 350,000 estadounidenses. EU ya no pide permiso y pone el foco principal en los narcopolíticos y funcionarios corruptos que facilitan estas operaciones. El mensaje es tajante: si la casa no se gobierna a sí misma, ellos usarán sus herramientas diplomáticas y militares para poner orden en lo que consideran una amenaza directa a su seguridad nacional.
Esta nueva estrategia incluye consecuencias legales para quienes obstruyan la justicia. Al momento de no ordenar las capturas de las personas requeridas por las cortes norteamericanas, los funcionarios implicados serán procesados bajo cargos de obstrucción. Esto explica por qué el encausamiento de Rubén Rocha Moya y otros diez funcionarios de Sinaloa es solo la punta del iceberg. El mensaje de Donald Trump es tajante: se condiciona la ayuda antinarco y la estabilidad del T-MEC a la entrega inmediata de los perfiles requeridos.
En un intento desesperado por desviar la atención de la bomba que les estalló en Sinaloa, la Federación ha decidido lanzar un buscapiés mediático contra Chihuahua. Ulises Lara, vocero de la Fiscalía y recordado por su título exprés y por proteger a Javier Corral de la justicia chihuahuense, salió a anunciar que la FGR citará a 50 agentes estatales para indagar lo ocurrido en el narcolaboratorio de la Sierra. La intención es clara: tratar de responsabilizar al Estado por la presencia de los agentes extranjeros, alegando un supuesto desconocimiento federal de sus operaciones en territorio nacional. Sin embargo, esta maniobra parece más una rabieta que una estrategia sólida ante los ojos del Tío Sam.
Lo que el gobierno de la 4T no parece terminar de leer es que esto no es un caso aislado, sino una respuesta directa de Washington tras la muerte de sus agentes. Los gringos no perdonan, y la solicitud de extradición de Rocha Moya y socios fue el primer aviso de una factura que se cobra con intereses geopolíticos. Mientras México intenta jugar a las vencidas citando a agentes locales, en EU ya se preparan órdenes de extradición para al menos otros tres gobernadores de Morena vinculados a crímenes en suelo norteamericano. Mientras terminamos estas lineas, se menciona que la gobernadora de Baja california, Marina del Pilar, pedirá licencia para separarse del cargo. El trasfondo es una molestia acumulada: Trump no olvida la injerencia de AMLO y Sheinbaum en las elecciones de 2024 a través de los consulados, ni el reciente viaje de la Presidenta a Barcelona para reunirse con la cúpula progresista, lo cual fue visto como una afrenta directa a la derecha conservadora de Marco Rubio y compañía.
La pregunta del millón es si la FGR se atreverá a citar a los dos agentes de la CIA que sobrevivieron al incidente en Chihuahua. La respuesta grande se espera en cualquier momento, pues para los estadounidenses, la indolencia y la sospechosa narrativa del gobierno federal sobre los agentes caídos ha sido el punto de quiebre. Mientras Palacio Nacional intenta usar a Chihuahua como cortina de humo, en las cortes de Norteamérica los expedientes por conspiración ya mencionan nombres de muy alto nivel. La Federación sigue sin entender que en esta partida de ajedrez, el que tiene los pelos de la burra en la mano es el que firma las órdenes de extradición.
Mayo, el mes más fiestero y también el más politizado. Nadie se queda fuera. Todos al ruedo, todos en territorio, todos contando el tiempo. Porque el reloj ya está encima: el 22 de junio, Morena definirá a sus cartas rumbo a la gubernatura. Y en ese tramo corto, cada evento cuenta y pesa.
Este sábado, Cruz Pérez Cuéllar estará en Delicias junto a Luis Villalobos, su operador de confianza en la región, encabezando un festejo para las mamás en la Plaza Los Nogales. Habrá música, baile, rifa y regalos de los que sí sirven en la casa: licuadoras, lavadoras, estufas. Nada menor. Así es la nueva dinámica política. Atrás quedaron los lonches y las sodas. Hoy el votante potencial vale más y también se le invierte más. Tal cual.
Pero más allá de la fiesta, el domingo movió el tablero. Con la llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena, se mantiene el acuerdo previo entre ambos: impulsar a Cruz rumbo a la candidatura al Gobierno del Estado, mientras que en Juárez la apuesta sería para Mayra Chávez, gente cercana a Montiel. La señal fue clara. Ahí está la selfie de Pérez Cuéllar con Montiel, de esas que no se suben por casualidad.
Así que, si todo sigue en esa ruta, ya no es tema de meses, sino de semanas. Y hoy por hoy, el que marca el ritmo es Cruz.



