El debate sobre el uso de celulares en las escuelas de México continúa generando opiniones encontradas entre autoridades educativas, docentes, madres y padres de familia. Mientras algunas voces consideran necesario restringir estos dispositivos para reducir distracciones y mejorar la atención en las aulas, especialistas advierten que una prohibición absoluta podría no resolver por sí sola los problemas asociados al uso de la tecnología.
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Especialistas de la Universidad Iberoamericana plantean que el reto no consiste únicamente en decidir si los teléfonos celulares deben entrar o no a los salones de clase, sino en establecer reglas claras que permitan aprovechar sus beneficios y, al mismo tiempo, reducir riesgos como la distracción, la ansiedad, el ciberacoso y posibles afectaciones al rendimiento académico.
Desde esta perspectiva, una regulación equilibrada debería tomar en cuenta las características de cada comunidad escolar y establecer criterios que protejan tanto el derecho a la educación como otras necesidades particulares de los estudiantes.
Seis puntos para regular el uso de celulares
Entre los aspectos que deberían considerarse se encuentran reglas claras sobre los momentos en que los dispositivos deben permanecer apagados o guardados, así como excepciones para situaciones específicas.
Los especialistas plantean al menos seis elementos:
- Reglas claras: definir cuándo y en qué circunstancias los celulares deben permanecer apagados, guardados o fuera del alcance durante las actividades escolares.
- Excepciones: permitir su utilización cuando existan razones médicas, educativas, de accesibilidad o seguridad que lo justifiquen.
- Protocolos de emergencia: establecer mecanismos de comunicación entre las familias y las escuelas para evitar que una restricción del teléfono se convierta en un obstáculo ante una situación de emergencia.
- Consecuencias formativas: evitar sanciones desproporcionadas y privilegiar medidas que permitan al estudiante comprender las razones de las reglas y desarrollar hábitos responsables.
- Alternativas durante el recreo: impulsar juegos, actividades deportivas, culturales y espacios de convivencia que no dependan de las pantallas.
- Evaluación de resultados: revisar periódicamente si las restricciones realmente contribuyen a mejorar la atención, el aprendizaje y la convivencia escolar.
¿Prohibir o enseñar a utilizar la tecnología?
Uno de los principales planteamientos de los especialistas es que establecer límites al uso de dispositivos no debería sustituir la formación de niñas, niños y adolescentes en materia de ciudadanía digital.
Los celulares forman parte de la vida cotidiana y también pueden convertirse en herramientas para actividades educativas, comunicación, accesibilidad y seguridad. Por ello, el desafío para las escuelas sería encontrar un equilibrio entre el control de las distracciones y la enseñanza de un uso responsable de la tecnología.
Una regulación bien diseñada también tendría que contemplar las distintas edades de los estudiantes, las condiciones de cada plantel y las necesidades particulares de quienes requieren dispositivos por motivos de salud o accesibilidad.
El debate, por tanto, va más allá de permitir o prohibir un teléfono dentro del salón. La discusión plantea qué reglas pueden ayudar a construir ambientes escolares donde exista mayor concentración y convivencia, sin dejar de preparar a los estudiantes para desenvolverse de manera segura y responsable en un entorno cada vez más digital.
La pregunta permanece abierta: ¿la mejor estrategia es prohibir los celulares durante la jornada escolar o establecer límites y enseñar a utilizarlos de manera responsable?



