InicioEl grilleroColumna política jueves 4 de abril de 2026

Columna política jueves 4 de abril de 2026

AMLO mordió el anzuelo. Y lo mordió completito.

Ayer por la mañana, Los Angeles Times soltó la bomba: Estados Unidos estaría investigando a Alfonso Durazo y a Américo Villarreal por presuntos vínculos con el crimen organizado. No cualquier par de morenistas. Uno fue secretario de Seguridad de López Obrador. El otro gobierna Tamaulipas, una de las puertas más calientes del país.

Luego vino el segundo golpe. La versión de que a ambos les habrían retirado la visa, pero aun así podrían entrar a gringolandia con permisos especiales.

Ahí fue donde la historia dejó de ser migratoria y se volvió película de espías, pero sin James Bond, sin glamour y con puro expediente federal.

Porque en política nadie regala permisos especiales nomás porque sí. Menos el gobierno de gabacho. Si a alguien le cierran la puerta principal, pero le dejan abierta una ventana con guardia especial, la pregunta no es si puede cruzar. La pregunta es qué está entregando para que lo dejen cruzar. Y ahí está el verdadero incendio.

Durazo no fue un florero en el gabinete de AMLO. Fue el responsable de la seguridad nacional. Estuvo sentado en la mesa donde se tomaban decisiones pesadas. Y si Washington lo trae en el radar, el mensaje no va solo para Sonora. Va para Palenque. Por eso apareció López Obrador.

El hombre que juró retirarse al rancho, de pronto desempolvó la pluma, se acomodó el ego y escribió una carta larguísima para decir, en pocas palabras, que extraña al viejo Trump. Al Trump con el que él sí podía negociar. Al Trump que no le movía tanto el tapete. Al Trump que, según él, todavía no estaba rodeado de falsos amigos, consejeros duros y funcionarios que lo embarcan en aventuras siniestras.

Traducido al castellano político: Donald, no te me vayas encima.

Pero el problema es que AMLO no le escribió a un amigo. Le escribió al presidente de Estados Unidos. Y lo acusó de estar manipulado por sus funcionarios. Eso, en Washington, no se lee como nostalgia. Se lee como reto. Ahí está la trampa.

EU soltó la carnada en la mañana. AMLO la mordió en la noche.

Salió a defender a Claudia Sheinbaum, pero terminó debilitándola. Porque en política no pueden brillar dos soles. Si Claudia fuera suficiente para contener la crisis, el jefe máximo no habría tenido que salir del retiro espiritual con carta de cinco páginas y tono de auxilio disfrazado de patriotismo.

La carta dice que AMLO respalda a Claudia. La imagen dice otra cosa: que Morena sigue teniendo dueño. Y cuando el dueño sale a defender la casa, es porque la casa está ardiendo.

AMLO quiso presentarse como el hombre que sí sabía hablar con Trump. El que sí entendía a los americanos. El que sí podía mantener a raya a los gringos. Pero el mensaje de fondo fue brutal: Claudia no alcanza, la crisis ya subió de nivel y el expediente dejó de tocar a operadores menores. Ahora toca a los que estuvieron en la mesa grande.

En medio de todo está el caso del general Gerardo Mérida, convertido en una pieza incómoda para varios. Los fiscales norteamericanos dicen tener mucha evidencia. Y cuando la justicia estadounidense empieza a juntar generales, exsecretarios, gobernadores, permisos especiales y testigos cooperantes, no está armando un boletín. Está armando una ruta. La ruta apunta hacia arriba. Y arriba, guste o no, está Andrés Manuel López Obrador.

El Culiacanazo sigue siendo la piedra en el zapato. La liberación de Ovidio Guzmán no fue un accidente administrativo. Fue una decisión política que AMLO asumió públicamente. En México la vendieron como humanismo. En EU la pueden leer como otra cosa. Y si Durazo, que estaba en seguridad, termina convertido en pieza de negociación o testigo clave, el expediente puede dejar de ser historia vieja y convertirse en boleto de entrada a una corte federal. Ahí es donde a AMLO se le acabó la risa.

Porque a Genaro García Luna lo hundieron testimonios. Imaginen lo que puede pasar si ahora los gringos llegan con testimonios, documentos, rutas, comunicaciones y funcionarios cooperando para salvar el pellejo. Por eso la carta no fue valentía. Fue nervio. No fue defensa de la soberanía. Fue control de daños. No fue amor a Claudia. Fue miedo a que la investigación toque la puerta correcta.

AMLO salió a decir que Estados Unidos quiere debilitar a Morena y fortalecer a la oposición. Puede ser parte de su narrativa. Pero también puede ser la excusa perfecta para adelantarse al golpe y vender como persecución política lo que podría terminar siendo una investigación criminal.

Viejo truco. Cuando el expediente aprieta, gritan patria. Cuando la justicia se acerca, gritan intervención. Cuando los aliados empiezan a cruzar con permisos especiales, gritan soberanía.

La diferencia es que esta vez no está frente a un INE, un juez mexicano o una mañanera domesticada. Está frente el Tío Sam. Y allá no basta con levantar la voz, poner cara de víctima y repartir estampitas de la transformación.

Allá preguntan, documentan, negocian y luego cobran.

AMLO quiso meterse al centro del ring para salvar a Morena, a Claudia, a sus exfuncionarios y, sobre todo, a su familia política y sanguínea.

Pero al hacerlo, se puso solito el reflector encima. Si la estrategia de Washington era sacarlo del rancho, funcionó. Si querían que se enganchara, se enganchó. Si querían que saliera a defender a los suyos, salió. Y si querían convertir la narrativa de los narcopolíticos en una narrativa directa contra AMLO, anoche él mismo les abrió la puerta.

En Washington seguramente no dijeron gracias. Dijeron welcome. Bienvenido al juego.

Mientras el ex salía del rancho para defender a los suyos, acá en Chihuahua también se les cayó otra narrativa.

Claudia Sheinbaum prácticamente terminó por darle la razón a la gobernadora Maru Campos en el caso del narcolaboratorio de la sierra.

Ayer dijo que los agentes estadounidenses no fueron a desmantelar nada. Fueron a ubicar el laboratorio, lo señalaron, se retiraron y después entraron la FGR y el Ejército mexicano para realizar el operativo. Más claro, ni el agua de La Vírgenes.

Entonces, ¿dónde quedó la traición a la patria? ¿Dónde quedó la violación a la soberanía? ¿Dónde quedó el gran expediente contra Maru? Quedó en lo que parece haber sido desde el principio: un montaje político mal calculado.

Y mientras la Presidenta decía eso en la mañanera, Daniela Álvarez soltaba otra bomba: a Brighite Granados también le habrían retirado la visa.

Brighite fue el domingo a Ciudad Juárez a celebrar los dos años del triunfo de Claudia. Puro pueblo, pura austeridad, puro amor a la frontera. Nomás que llegada la noche, parece que el amor por Juárez no alcanzó para pernoctar ahí.

La dirigente morenista habría intentado cruzar a Estados Unidos para dormir del otro lado, porque una cosa es defender la transformación en el discurso y otra muy distinta es pasar la noche sin aire gringo, hotel gringo y shopping de rigor.

Pero los gringos la esperaban con otro programa. Los agentes la pasaron al famoso cuartito y ahí, según ella misma confirmó después, le informaron que su visa había sido cancelada.

Horas más tarde, ya en pánico y sin libreto, salió a decir que todo se debía a una infracción de tránsito de hace diez años. Curioso. Porque hace dos años renovó la visa y, según ella, nadie le dijo nada.

Pero lo más sabroso fue la reacción de Morena: no les preocupó tanto explicar por qué se la quitaron, sino cómo se enteró Daniela Álvarez. Prioridades de la transformación.

En medio de visas retiradas, gobernadores señalados, permisos especiales y expedientes cruzando la frontera, la líder estatal de Morena dice que lo suyo fue por una multa de tránsito. Puede ser.

Pero en política, cuando todo el edificio huele a humo, hasta una multa vieja parece incendio.

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