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Columna política martes 2 de junio de 2026

Lo que comenzó el domingo como un discurso de Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución terminó, apenas horas después, en un intercambio de mensajes con el Embajador de Estados Unidos y en una nueva escalada de tensión entre ambos gobiernos.

Durante el acto por el segundo aniversario de su triunfo electoral, la Presidenta lanzó uno de sus mensajes más duros hacia Washington. Cuestionó si las acciones y expedientes que avanzan contra políticos mexicanos realmente obedecen a razones de seguridad y combate al narcotráfico o si existen motivaciones políticas y electorales detrás de ellas.

Sin embargo, apenas unas horas después, el lunes por la mañana, durante la mañanera, la propia presidenta bajó considerablemente el tono. Aseguró que no creía que Donald Trump estuviera detrás de los expedientes o investigaciones que avanzan en EU contra personajes mexicanos.

Parecía que las aguas comenzaban a calmarse. Pero no.

La tarde del lunes apareció el embajador Ronald Johnson con un mensaje que sonó más a respuesta diplomática que a simple reflexión.

La lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos.

Las personas de ambos lados de la frontera desean vivir con seguridad y en paz.

Y remató con una frase que encendió la conversación política: cada momento dedicado a convertir este desafío compartido de seguridad en una discusión política es una oportunidad perdida para fortalecer la cooperación y proteger a las personas.

Traducido del lenguaje diplomático al político, el mensaje fue simple: el problema es el narcotráfico, no la narrativa.

Y entonces llegó el tercer acto.

Este martes por la mañana, antes de terminar esta columna, Sheinbaum respondió y pidió al Johnson respetar los asuntos internos de México y concentrarse en la relación bilateral.

En términos prácticos, el mensaje fue claro: no se meta.

Pero aquí hay un detalle que no debe perderse de vista.

Claudia no está hablando con cualquier embajador. Está hablando con el representante de Donald Trump, un hombre con experiencia en inteligencia y seguridad, con conexiones profundas y que conoce perfectamente cómo se mueve el aparato de seguridad nacional estadounidense.

Por eso la declaración difícilmente pasará desapercibida.

De por sí la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. EU mantiene la presión sobre narcotráfico, migración y seguridad, mientras que desde distintos sectores estadounidenses continúan apareciendo señalamientos, investigaciones y expedientes relacionados con presuntos vínculos entre organizaciones criminales y actores políticos mexicanos.

En ese contexto, responderle públicamente al embajador difícilmente contribuirá a enfriar los ánimos. Al contrario, todo apunta a que la tensión seguirá creciendo.

Y si algo ha demostrado el vecino del norte durante los últimos meses es que rara vez responde únicamente con discursos.

Suele responder con expedientes. Con investigaciones. Con acusaciones. Con sanciones. Con filtraciones. Con mensajes cuidadosamente calculados.

La pregunta que se hace la raza es cuál será la siguiente respuesta de Marco Rubio y compañía.

Mientras tanto, fuera de los discursos, las conferencias y las redes, los expedientes siguen avanzando.

Apenas este lunes se realizó una nueva audiencia del general Gerardo Mérida en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York.

La jueza que lleva el caso señaló que la evidencia contra Mérida y otros ciudadanos mexicanos es abundante.

Tan abundante que otorgó un plazo de 60 días para que pueda ser organizada, clasificada y procesada.

Pero la frase más fuerte vino después. La jueza afirmó que hay muchos acusados en este caso y están llegando en olas.

No habló de uno. No habló de dos. Habló de muchos acusados. Y de una investigación que continúa creciendo.

Desde hace meses circulan versiones sobre la posible existencia de cientos de expedientes relacionados con presuntos vínculos entre organizaciones criminales y actores políticos mexicanos. Algunas versiones hablan incluso de más de 300 posibles involucrados.

Por eso la frase de la jueza llamó tanto la atención.

Porque mientras aquí se sigue insistiendo en que no existen pruebas, en la corte federal de NY se está describiendo una investigación donde la evidencia es abundante, donde existen muchos acusados y donde, según sus propias palabras, siguen llegando en olas.

La imagen tampoco pasó desapercibida. Un general mexicano ingresando a una corte federal gabacha con cadenas en la cintura y en los tobillos.

Porque mientras aquí la discusión gira alrededor de soberanía y discursos políticos, allá la conversación gira alrededor de expedientes, evidencia y acusados.

Y según las propias palabras de la jueza, de eso hay bastante.

Lo que dijo ayer el Embajador es una verdad indubitable: cada instante que se desperdicia en politizar el combate al narco es un tiempo miserablemente perdido.

Lo dijo, obvio, en referencia al discurso de antier de Sheinbaum, en el que sólo le faltó gritar lo que gritó Maduro: que vinieran por ella.

Si lo que invirtieron en organizar el acto ante el Monumento a la Revolución, tanto en esfuerzo como en dinero, se invirtiera en combatir el crimen, el narco estaría perdido, vencido.

Y esto no sólo aplica a este gobierno. Aplica a todos.

Pues todos han hecho lo mismo: concentraciones y discursos, y pocos, miserablemente pocos, esfuerzos reales por acabar con este flagelo social que ha costado más vidas humanas que todas las guerras juntas.

Ahí están los números. Ahí está tanta sangre derramada. Ahí están las cifras.

No se ganó nada con culpar a Calderón. A Fox. A Salinas. A López Obrador. A todos.

Porque todos son culpables en mayor o menor grado. Todos han sido incapaces. Tolerantes. Algunos cómplices.

El pasado, pasado es. Lo que importa es el presente y el futuro.

Y eso es responsabilidad del gobierno actual, no de los pasados.

Mientras no escuchen y actúen como lo sugiere el Embajador, gobiernos vendrán y se irán y el narco seguirá con sus ríos de muerte y sangre.

Mientras no se convoque a un gran pacto político nacional cuya única misión sea acabar con este flagelo, mientras cada partido y cada gobierno continúen con sus celos, cotos e intereses negros, México continuará como está, en el hoyo de la fama negra mundial.

Los discursos seguirán siendo letra muerta. Los narcos seguirán enseñoreados de nuestro país. De nuestras vidas.

Se vale soñar, señor embajador. Siga soñando. Habemos muchos que pensamos como usted.

Quien cerró el fin de semana con buenos números fue el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.

El domingo le cumplió la encomienda  durante la concentración realizada con motivo del segundo aniversario del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum, logrando reunir a más de 40 mil personas en la Plaza de la Mexicanidad, la emblemática de Juárez.

Tan así fue que ayer, durante la mañanera, la propia Presidenta hizo referencia a la respuesta de la ciudad fronteriza y presumió la convocatoria registrada, poniéndola como ejemplo nacional.

A más de uno dentro de Morena le queda claro que sigue siendo el aspirante más adelantado rumbo a la gubernatura y continúa ganando terreno en una carrera donde Andrea Chávez se va quedando atrás.

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