A Velderrain le cayó la sandía encima
Vaya quemón el que se llevó Víctor Velderrain ex candidato de MC a la Presidencia Municipal de Delicias, luego de que la Fiscalía lo colocara en calidad de vinculado a proceso por un presunto fraude relacionado con la compra de una cosecha de sandía.
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El asunto no es menor, porque la cantidad señalada ronda los 178 mil pesos. Dicho en corto: un productor agrícola habría entregado la cosecha y después recibió promesas de pago durante meses, casi como aquellas promesas de campaña, grandotas y huecas, que se aventaba Víctor cuando pedía el voto. La diferencia es que aquí no faltó una obra, una gestión o un discurso: faltó el depósito.
Y apenas salió el tema, MC en Delicias aplicó la clásica: sí fue nuestro candidato, pero ya no es de los nuestros. Titis Soltero salió a marcar distancia y dijo que Velderrainya no pertenece al movimiento naranja, que el asunto es personal y que tendrá que responder por sus actos ante la autoridad.
La jugada es entendible, pero políticamente se ve fea. Porque cuando andan en campaña todos se suben al templete, se toman la foto, reparten volantes y presumen proyecto. Pero cuando llega el expediente judicial, entonces resulta que el personaje ya caminaba solo y que el partido casi no lo conocía.
Además, Velderrain ya traía encima antecedentes de pleito político fuerte con Nora Agüeros durante la pasada campaña. Aquella denuncia por las lonas y publicaciones de La doctora aviadora sí escaló al Instituto Electoral y luego a tribunales, aunque finalmente la Sala Regional confirmó que no se acreditó violencia política de género ni calumnia. O sea, ese frente electoral ya quedó resuelto, pero el ruido político ahí quedó.
Ahora el tema es otro y está más terrenal: una cosecha, una deuda y un proceso penal abierto. Y aunque jurídicamente Velderrain conserva su presunción de inocencia, políticamente el golpe ya pegó.
Porque una cosa es perder una elección y otra muy distinta es terminar en tribunales por una sandía que, según la denuncia, se comieron antes de pagarla.
El PRI ya cuenta los votos azules
Fuentes al interior del PRI aseguran que, al menos en lo regional y en lo estatal, no ven mayor inconveniente para repetir alianza con el PAN rumbo al 27.
Aunque a nivel nacional Jorge Romero sigue con el discurso de que los azules deben ir solos en la boleta, por estos rumbos la lectura es otra. En el PRI estatal dan prácticamente por hecho que volverán a caminar juntos, tanto en el centro-sur como en la pelea grande por Chihuahua.
El antecedente está fresco y a más de uno le conviene no olvidarlo. Tony Meléndez llegó al Quinto Distrito Federal, con cabecera en Delicias, montado en la alianza PRI-PAN-PRD, y hoy despacha como diputado federal. En los municipios pasó lo mismo: caminaron juntos y, en varias plazas de la región, los votos del PRI fueron los que terminaron inclinando la balanza. Dicho sin vueltas: si no hubiera sido por esa suma tricolor, algunos que hoy se sienten muy azules no estarían despachando desde sus oficinas, sino viviendo en el error. Sopas.
Por eso en el tricolor no se ven asustados. Al contrario, andan trabajando para reposicionar la marca, mover estructura y llegar vivos a la mesa de negociación. Porque una cosa es ir aliados y otra muy distinta es llegar como convidados de piedra.
Del lado panista, aunque algunos se hagan los muy independientes, la mayoría sabe leer la calculadora. Y en política, cuando uno más uno puede dar dos, nomás los soberbios se hacen bolas con las sumas.
El otro ingrediente es Movimiento Ciudadano. Ahí la franquicia naranja la trae Alfredo Lozoya desde Parral, con Francisco Sánchez Villegas en el Congreso local y con operadores que conocen el terreno, como Raúl Villalba en Delicias.
Villalba no es improvisado en el tema naranja. Ya había sido coordinador regional de MC, además fue regidor en la capital del mundo y tiene buen relación pública estatal y nacional, así que si se abre la puerta a una alianza más amplia, será quien agarre las riendas de la operación local.
Por lo pronto, todos dicen que falta mucho. Pero en los partidos ya están sacando cuentas, midiendo egos y viendo quién pone los votos, quién pone la estructura y quién nomás quiere subirse a la foto.
Del jersey al sombrero revolucionario
Cerrado el telón mundialista y consumada otra decepción, el mundillo de la política ya se va acomodando para el siguiente escaparate.
Porque hasta los grillos más gordos, lentos y oportunistas del futbol aprovecharon la Selección para vendernos el mismo humo de siempre. Ahora, a nivel estatal, la próxima pasarela será la inminente Cabalgata Villista, donde seguramente los veremos en manada, sonrientes, empolvados y voraces detrás del voto.
Y mal harían en no ir. Pocas fiestas en Chihuahua jalan tanto pueblo, tanta historia y tanta foto fácil como la Cabalgata Villista, que este año arrancó desde Ciudad Juárez y cerrará en Parral, donde cayó asesinado Francisco Villa.
Así que ya saben: del jersey verde, aunque a muchos les quedara chico, pasarán al sombrero, la camisa vaquera y la pose revolucionaria. Montarán a caballo aunque terminen rosados, tiesos y caminando como si hubieran peleado en Celaya.
Al final, en política los votos valen más que un ataque de hemorroides.
Las calles se quedaron sin grito
A propósito de esta nueva honrosa derrota balompédica, qué oscuras, tristes y vacías se vieron las calles anoche después del aztecazo inglés.
Nada que ver con la noche del triunfo sobre Ecuador, cuando la rotonda del Reloj Público, las calles Segunda y Tercera Norte, la Carlos Blake y el círculo del Mercado Juárez explotaron de alegría, algarabía, porras, gritos y vocinazos.
Anoche no hubo nada de eso. Sólo el silencio habitual de un domingo por la noche y la resignación de siempre, esa que ya nos sabemos de memoria cada cuatro años.
Esperamos 40 años para volver a tocar los dinteles de la gloria deportiva y brincar, ahora sí, la maldita barrera de los octavos de final. Pero otra vez nos quedamos mirando la puerta desde afuera.
Qué tanto es tantito. Qué tanto han de ser otros 40 abriles.
A Víctor Velderrain le cayó la sandía encima
Víctor Velderrain se llevó tremendo quemón luego de que la Fiscalía lo colocara en calidad de vinculado a proceso por un presunto fraude relacionado con la compra de sandía por unos 178 mil pesos.
Un productor agrícola habría entregado la cosecha y después recibió promesas de pago durante meses, casi como aquellas promesas de campaña, grandotas y huecas, que se aventaba Víctor cuando pedía el voto. La diferencia es que aquí no faltó una obra, una gestión o un discurso: faltó el depósito.
Y apenas salió el tema, MC en Delicias aplicó la clásica: sí fue nuestro candidato, pero ya no es de los nuestros. Titis Soltero salió a marcar distancia y dijo que Víctor ya no pertenece al movimiento naranja, que el asunto es personal y que tendrá que responder por sus actos ante la autoridad.
La jugada es entendible, pero políticamente se ve fea. Porque cuando andan en campaña todos se suben al templete, se toman la foto, reparten volantes y presumen proyecto. Pero cuando llega el expediente judicial, entonces resulta que el personaje ya caminaba solo y que el partido casi no lo conocía.
Además, Velderrain ya traía encima antecedentes de pleito político fuerte con Nora Agüeros durante la pasada campaña. Aquella denuncia por las lonas y publicaciones de la doctora aviadora sí escaló al Instituto Electoral y luego a tribunales, aunque finalmente la Sala Regional confirmó que no se acreditó violencia política de género ni calumnia. O sea, ese frente electoral ya quedó resuelto, pero el ruido político ahí quedó.
Y aunque jurídicamente conserva su presunción de inocencia, políticamente el golpe ya pegó. Porque una cosa es perder una elección y otra muy distinta es terminar en tribunales por una sandía que se comieron antes de pagarla.
El PRI ya cuenta los votos azules
Fuentes al interior del PRI aseguran que, al menos en lo regional y en lo estatal, no ven mayor inconveniente para repetir alianza con el PAN rumbo al 27.
Aunque a nivel nacional Jorge Romero sigue con el discurso de que los azules deben ir solos en la boleta, por estos rumbos la lectura es otra. En el PRI estatal dan prácticamente por hecho que volverán a caminar juntos, tanto en el centro-sur como en la pelea grande por Chihuahua.
El antecedente está fresco y a más de uno le conviene no olvidarlo. Tony Meléndez llegó al Quinto Distrito Federal, con cabecera en Delicias, montado en la alianza PRI-PAN-PRD, y hoy despacha como diputado federal.
En los municipios pasó lo mismo: caminaron juntos y, en varias plazas de la región, los votos del PRI fueron los que terminaron inclinando la balanza. Dicho sin vueltas: si no hubiera sido por esa suma tricolor, algunos que hoy se sienten muy azules no estarían despachando desde sus oficinas, sino viviendo en el error. Sopas.
Por eso en el tricolor no se ven asustados. Al contrario, andan trabajando para reposicionar la marca, mover estructura y llegar vivos a la mesa de negociación. Porque una cosa es ir aliados y otra muy distinta es llegar como convidados de piedra.
Del lado panista, aunque algunos se hagan los muy independientes, la mayoría sabe leer la calculadora. Y en política, cuando uno más uno puede dar dos, nomás los soberbios se hacen bolas con las sumas.
El otro ingrediente es Movimiento Ciudadano. Ahí la franquicia naranja la trae Alfredo Lozoya desde Parral, con Francisco Sánchez Villegas en el Congreso local y con operadores que conocen el terreno, como Raúl Villalba en Delicias.
Villalba no es improvisado en el tema naranja. Ya había sido coordinador regional de MC, además fue regidor en la capital del mundo y tiene buena relación pública estatal y nacional, así que si se abre la puerta a una alianza más amplia, será quien agarre las riendas de la operación local.
Por lo pronto, todos dicen que falta mucho. Pero en los partidos ya están sacando cuentas, midiendo egos y viendo quién pone los votos, quién pone la estructura y quién nomás quiere subirse a la foto.
Del jersey al sombrero revolucionario
Cerrado el telón mundialista y consumada otra decepción, el mundillo de la política ya se va acomodando para el siguiente escaparate.
Porque hasta los grillos más gordos, lentos y oportunistas del futbol aprovecharon la Selección para vendernos el mismo humo de siempre. Ahora, a nivel estatal, la próxima pasarela será la inminente Cabalgata Villista, donde seguramente los veremos en manada, sonrientes, empolvados y voraces detrás del voto.
Y mal harían en no ir. Pocas fiestas en Chihuahua jalan tanto pueblo, tanta historia y tanta foto fácil como la Cabalgata Villista, que este año arrancó desde Ciudad Juárez y cerrará en Parral, donde cayó asesinado Francisco Villa.
Así que ya saben: del jersey verde, aunque a muchos les quedara chico, pasarán al sombrero, la camisa vaquera y la pose revolucionaria. Montarán a caballo aunque terminen rosados, tiesos y caminando como si hubieran peleado en Celaya.
Al final, en política los votos valen más que un ataque de hemorroides.
Las calles se quedaron sin grito
A propósito de esta nueva honrosa derrota balompédica, qué oscuras, tristes y vacías se vieron las calles anoche después del aztecazo inglés.
Nada que ver con la noche del triunfo sobre Ecuador, cuando la rotonda del Reloj Público, las calles Segunda y Tercera Norte, la Carlos Blake y el círculo del Mercado Juárez explotaron de alegría, algarabía, porras, gritos y vocinazos.
Anoche no hubo nada de eso. Solo el silencio habitual de un domingo por la noche y la resignación de siempre, esa que ya nos sabemos de memoria cada cuatro años.
Esperamos 40 años para volver a tocar los dinteles de la gloria deportiva y brincar, ahora sí, la maldita barrera de los octavos de final. Pero otra vez nos quedamos mirando la puerta desde afuera.
Qué tanto es tantito. Qué tanto han de ser otros 40 abriles.



