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Columna política lunes 1 de junio de 2026

Chihuahua amaneció el sábado convertido en la capital política de la oposición mexicana.

Desde las once de la mañana el estacionamiento del Centro de Convenciones y Exposiciones ya estaba repleto. Los vehículos comenzaron a desbordarse hacia los alrededores de la Deportiva y para las 12:20 prácticamente no quedaba una sola silla vacía dentro del recinto. Mucha gente tuvo que permanecer de pie.

La asistencia fue de más de 15 mil personas, según los organizadores.

Aquello ya no parecía un acto partidista. Parecía una demostración de fuerza. Y eso fue exactamente lo que terminó ocurriendo.

Jorge Romero abrió la jornada recordando que cuando México ha necesitado una oposición firme, Chihuahua históricamente ha terminado dando el primer paso. Trajo de vuelta a Gómez Morín, a Luis H. Álvarez y al espíritu del Verano del 86. El mensaje era claro: Chihuahua vuelve a encabezar una nueva etapa de resistencia política.

Después vino Vicente Fox.

Más que hablar de Maru, defendió un modelo de país. Habló de libertad. Habló de propiedad privada. Habló de libre mercado. Habló de empresarios, productores, agricultores y trabajadores como los verdaderos generadores de riqueza.

En pocas palabras, Fox fue a plantear la batalla ideológica de fondo: capitalismo contra estatismo.

Y luego apareció Felipe Calderón.

Ahí cambió el ambiente. Fue el más ovacionado. El que despertó los gritos de presidente, presidente apenas tomó el micrófono. Y también fue el más frontal.

Calderón construyó toda una defensa de Maru alrededor de una idea sencilla: cuando un gobierno enfrenta al crimen organizado, inevitablemente paga costos políticos.

Defendió el combate a los grupos criminales. Defendió la obligación del Estado de enfrentarlos.

Y sostuvo que Chihuahua no debe pedir disculpas por combatir delincuentes.

La frase que más ruido hizo fue la comparación entre Maru Campos y Rocha Moya.

Pero el fondo era otro. Respaldar a una gobernadora que está pagando el precio político de haber actuado contra el crimen.

Incluso tuvo un momento particularmente emotivo cuando saludó a la madre de Maru y recordó los años en que compartieron responsabilidades legislativas.

Y entonces llegó la gobernadora. Ahí terminó la defensa. Y comenzó el contraataque.

Maru subió al escenario con una idea fija: no piensa doblarse.

Insistió en que intentó construir una relación institucional con el gobierno federal por el bien de Chihuahua, pero que llegó un punto donde guardar silencio dejó de ser una opción.

La Gober convirtió su caso en algo más grande que ella misma.

Planteó que cuando se persigue a quien piensa distinto, el problema deja de ser personal y se convierte en una amenaza para todos.

Defendió la decisión de combatir al crimen organizado. Defendió la destrucción de laboratorios clandestinos. Defendió las acciones emprendidas para impedir que drogas llegaran a las familias y a los niños de Chihuahua.

Y lanzó los mensajes más duros de toda la jornada. Habló de un narco gobierno y de una cuarta transformación que perdió el rumbo.

Y soltó una frase que cimbró al auditorio. El final de Morena empieza en Chihuahua.

El recinto explotó. Las porras interrumpían constantemente el discurso.

Yo con Maru. Hasta donde tope. Una y otra vez.

Por momentos la gobernadora tuvo que detenerse para dejar pasar los aplausos.

Y ahí apareció la fotografía que explica por qué este evento terminó siendo tan relevante.

Sobre el escenario también estaban Marko Cortés, Ricardo Anaya, Kenia López Rabadán, Xóchitl Gálvez, Elías Lixa, Margarita Zavala, Roberto Gil Zuarth, Mauricio Kuri,  Juan Carlos Romero Hicks, legisladores, alcaldes, y empresarios.

Desde luego también estaban Vicente Fox y Felipe Calderón. Dos expresidentes de la República.

Juntos. Respaldando a una gobernadora en funciones. Atacando al Presidente en turno.

Probablemente la primera ocasión en el presidencialismo mexicano moderno que ocurre algo así.

Lo habían hecho por separado. Lo habían hecho en entrevistas. Pero nunca juntos. Y nunca frente a miles de asistentes.

Claro que la nota discordante llegó cuando los integrantes de Caballo Dorado aprovecharon la presentación de Marco Bonilla para destaparlo como el próximo gobernador.

Una pifia innecesaria. Porque el evento era de respaldo a Maru. Y no faltaron quienes recordaron inmediatamente aquella manta de apoyo a Bonilla que apareció durante el desfile del 20 de noviembre.

Fuera de eso, el objetivo político se cumplió. Y de manera contundente.

Porque mientras todo eso ocurría el sábado en Chihuahua, Claudia Sheinbaum encabezaba su propio acto político al día siguiente.

Dos fotografías. Dos narrativas. Dos momentos.

La Presidenta elevó al máximo el tono contra Washington. Cuestionó las acciones emprendidas por autoridades estadounidenses. Puso en duda las motivaciones políticas detrás de algunos movimientos provenientes de Estados Unidos.

Y llegó incluso a plantear si realmente existe un interés genuino por combatir al crimen organizado o si algunos sectores políticos de gringolandia están utilizando a México para fortalecer sus propias agendas electorales. Ninguneo al Departamento de Estado de EU.

Fue probablemente el mensaje más duro que ha lanzado hasta ahora contra los americanos. Algunos interpretaron que, con este discurso, México rompió relaciones con los americanos.

Y ocurre justamente cuando la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más delicados en años.

Más aún cuando este lunes comparece en Nueva York el general Gerardo Mérida.

En los corrillos políticos prácticamente nadie cree que la historia termina ahí.

Las versiones sobre cooperación con autoridades estadounidenses siguen creciendo.

Los rumores sobre expedientes, testimonios y nuevos nombres siguen multiplicándose.

Y la sensación en muchos círculos políticos es que apenas estamos viendo el inicio de algo mucho más grande.

Por eso el verdadero mensaje del fin de semana no estuvo únicamente en los discursos. Estuvo en las fotografías.

La fotografía de Sheinbaum defendiendo a Morena desde el poder.

Y la fotografía de Maru Campos rodeada de prácticamente toda la oposición nacional.

Hace apenas unas semanas Morena no pudo generar una imagen de unidad en Chihuahua.

El sábado, en cambio, el Centro de Convenciones lució abarrotado desde antes del mediodía.

Dos fotografías. Dos estados de ánimo. Dos momentos políticos completamente distintos.

Y por eso, más allá de simpatías o diferencias, Chihuahua dejó de ser un asunto local.

Durante varias horas se convirtió en el centro de gravedad de la política nacional.

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