Columna política viernes 21 de noviembre de 2025

Lo de ayer en el Congreso no fue una mesa de diálogo, fue más bien una radiografía política sin anestesia, quién está con el campo, quién se esconde debajo del escritorio y quién llegó a provocarles nomás porque su patrón no tuvo el valor de presentarse.

Los agricultores, nuestros agricultores, los mismos que han dado las batallas que otros solo ven por Facebook, llegaron con una sola consigna, que no pase la Ley Nacional de Aguas, esa que huele a centralazo, a quitar concesiones, a criminalizar al productor y a poner al gobierno federal por encima de la tierra, del agua y del trabajo de Chihuahua.

Y ahí, en pleno recinto, apareció el infiltrado del día, Martín Solís, exlíder del Barzón y exfuncionario de Corral. Apenas abrió la boca para decir que estaba de acuerdo en unas cosas y en desacuerdo en otras, cuando lo empezaron a acribillar con la banda sonora del campo, traidor, vendido, achichincle de Corral. Lo subieron, lo bajaron, lo corrieron y lo escoltaron, y todavía alcanzó a decir que pensaba que era un espacio plural, pero no era plural para provocadores enviados.

Porque ojo, Solís no llegó por accidente. Lo metió Óscar Avitia, el único morenista que se atrevió a llegar, y llegó solo para meterles ese gol. Además, leyó un largo justificante para explicar por qué Andrea Chávez no dio la cara. Loera tampoco. Corral menos. Y los demás del PT y Morena mandaron justificante como si todavía estuvieran en la secundaria.

Del lado que sí cuenta, del lado que sí entiende el campo, estuvieron Mario Vázquez, Manque Granados, Tony Meléndez, Rocío González, Alfredo El Caballo Lozoya y varios priistas que, aunque no llegaron, enviaron respaldo y se comprometieron a lo mismo, que esta ley no pase ni disfrazada.

Los agricultores pidieron lo obvio, que se baje la ley, que no se toque hasta que no escuchen al campo, que no se atrevan a centralizar el agua, quitar derechos, romper la productividad del estado o criminalizar al productor que mantiene vivo al país, mientras en la Ciudad de México creen que la leche sale de una app.

El consenso fue claro, si la ley llega al Pleno, Morena le va a pasar la aplanadora, así que la guerra empieza antes, que ni siquiera la suban.

Y como la 4T le sigue estirando la cola al tigre ensombrerado, los productores ya avisaron que el lunes se viene movilización nacional, tomarán carreteras, puentes y vías férreas. Y ahí sí, ni Corral ni Solís podrán entrar a provocar, porque los van a bajar antes de que termine la primera frase.

Si así se puso la previa, cómo creen que va a estar la próxima cuando el campo decida que la paciencia también tiene fecha de caducidad.

El 24 de noviembre habrá paro nacional de transportistas y campesinos, y no cualquier paro, será un megabloqueo en al menos 25 estados. Van por carreteras, aduanas y rutas clave como la México–Querétaro, México–Puebla y la Panamericana. No van contra carros particulares, van contra el transporte de carga para pegar donde duele, en la economía.

Los transportistas exigen frenar la inseguridad que ya es insostenible y los campesinos piden precios justos, apoyo real y que no les metan la Ley de Aguas que les revienta las concesiones. Si no hay acuerdos antes del lunes, el país va a sentir el frenón completo.

Ni llegar los dejaron. Mientras en el templete oficial del Zócalo, montado para el desfile de la Revolución y los aburridos y mil veces repetidos discursos, a unas cuantas cuadras los granaderos no dejaban avanzar a los jóvenes de la Generación Z. Ahí se acabó de desvelar el misterio acerca de la actitud que adoptaría la agobiada presidenta ante el aluvión de protestas que le pasan rozando el Palacio Nacional. La fuerza, la cerrazón, la represión serán la respuesta. Para quienes tenían dudas: esta salió peor que el otro. Como ella misma dijo en Veracruz ante el abandono de cierto alcalde morenista con motivo de las lluvias: “Síganle votando por ellos”.

En algo mucho, pero mucho más amable: muy bien los desfiles revolucionarios de aquí y de Meoqui. Alegres, coloridos, patrióticos, con mucha asistencia de vecinos y turistas. Estas celebraciones son fiestas populares, tan cercanas a nuestra historia. Trascendentes. Intrascendentes en la oscuridad política que permea en Rosales y Saucillo. Otra vez lo dicho por la presidenta en Veracruz: sigan votando por ellos, en este caso por los indolentes e ineficientes de Pepe Andujo y Fito Gardea. Ni a cuál irle.

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