Cali, Colombia.- Ocho días después del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia, miles de familias continúan enfrentando las consecuencias de una tragedia que dejó cientos de personas fallecidas, viviendas destruidas y comunidades enteras obligadas a permanecer fuera de sus hogares.
Una de ellas es Fernanda Londoño, habitante del barrio Chiminangos, en Cali, quien ahora duerme en una pequeña carpa de lona de aproximadamente dos metros cuadrados. Ahí guarda su ropa y algunas de sus pertenencias, mientras espera saber cuándo podrá regresar a casa.
El sismo ocurrió el 10 de agosto de 2026 y provocó graves daños en distintas zonas del país. Reportes recientes sitúan el número de fallecidos en alrededor de 280, aunque las cifras continúan actualizándose conforme avanzan las labores de rescate y evaluación de daños.
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ToggleFamilias permanecen fuera de sus viviendas
Fernanda relató que el día del terremoto se encontraba con su abuela, de 84 años, y su hijo de 18, quien utilizaba muletas. Los tres estaban dentro de un edificio de seis pisos cuando comenzó el movimiento.
Ante el temor de que la estructura colapsara, tuvieron que salir rápidamente del inmueble mientras observaban cómo las paredes comenzaban a dañarse y diversos objetos caían al suelo.
Desde entonces, Fernanda decidió permanecer en una carpa para evitar que su abuela y su hijo tuvieran que enfrentar directamente las condiciones de la emergencia.
La situación se ha repetido en diferentes sectores de Cali, una de las ciudades más afectadas por el terremoto. Miles de personas han tenido que dormir en espacios improvisados debido a los daños estructurales registrados en sus viviendas.
Información difundida por organismos de emergencia y medios internacionales señala que decenas de miles de personas permanecen afectadas por la tragedia, mientras continúan las evaluaciones de inmuebles y la atención a las comunidades damnificadas.
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Agua, alimentos y apoyo psicológico llegan a los damnificados
En diferentes sectores afectados se han instalado centros de acopio, ollas comunitarias y espacios de atención, donde ciudadanos, organizaciones y voluntarios distribuyen agua, alimentos, ropa y otros artículos básicos.
También se han habilitado duchas portátiles y áreas destinadas a atender a animales de compañía, mientras profesionales de la salud mental ofrecen acompañamiento a personas que enfrentan las consecuencias emocionales de haber perdido su vivienda o a seres queridos.
Para muchas familias, sin embargo, la ayuda inmediata representa solamente una parte de una problemática que podría prolongarse durante meses.
Una de las principales preocupaciones es determinar qué edificios pueden ser habitados nuevamente y cuáles representan un riesgo. Los residentes esperan poder ingresar acompañados por especialistas para recuperar documentos, ropa, electrodomésticos y otras pertenencias que quedaron dentro de sus viviendas.
Para quienes perdieron prácticamente todo, recuperar una nevera, una lavadora o algunos documentos significa mucho más que rescatar objetos: representa recuperar parte del patrimonio construido durante años.
Una emergencia que continúa
El terremoto afectó amplias zonas del occidente colombiano y generó daños en viviendas, infraestructura educativa, hospitales y servicios básicos. Autoridades y equipos de rescate mantienen trabajos de remoción de escombros y evaluación de estructuras.
En comunidades como Chiminangos, la emergencia también ha cambiado la rutina de miles de personas. Los niños intentan recuperar momentos de normalidad mediante juegos organizados en los espacios habilitados entre las carpas, mientras los adultos enfrentan la incertidumbre sobre cuándo podrán regresar a sus hogares.
El terremoto dejó además una huella psicológica profunda. Cada grieta, ruido o movimiento puede generar temor entre quienes todavía permanecen cerca de edificios afectados.
La tragedia no terminó cuando cesaron los movimientos más fuertes. Para las familias damnificadas comienza ahora una etapa distinta: la reconstrucción, la recuperación de sus pertenencias y la búsqueda de un lugar seguro donde volver a empezar.
La situación continúa bajo atención de las autoridades colombianas, mientras organismos de emergencia y organizaciones civiles mantienen las labores de ayuda y recuperación en las zonas más afectadas.
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