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Columna política miércoles 20 de mayo de 2026

Bueno, pues dicen allá en Balleza que cuando el indio va de nalgas por el peñasco, ya no hay nada que lo detenga. Y algo así parece estarle pasando ahorita a la 4T. Error tras error, narrativa tras narrativa mal manejada y decisiones que lejos de apagar el incendio, le siguen echando gasolina.

Todo comenzó a descomponerse desde que Estados Unidos empezó a apretar con expedientes, investigaciones, órdenes de captura y solicitudes de extradición contra personajes ligados al morenismo, entre ellos Rocha Moya y compañía. Desde entonces, Morena y el gobierno federal han reaccionado más por impulso que por estrategia.

El fin de semana quedó clarísimo en Chihuahua. Vinieron a querer convertir el estado en símbolo de defensa de la soberanía y el resultado terminó siendo exactamente el contrario: una manifestación desangelada, poca gente, abucheos y una ciudadanía que terminó cerrando filas con la gobernadora Maru Campos en medio de toda esta presión binacional.

Y luego vino otro tropiezo. La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó el uso de logotipos relacionados con Nueva York en patrullas de Chihuahua, insinuando prácticamente una subordinación extranjera. El problema es que la respuesta le explotó en redes sociales. Policías, especialistas en seguridad y Marco Bonilla, le aclararon que esos emblemas corresponden a programas de cooperación y capacitación internacional que existen desde hace años entre corporaciones mexicanas y estadounidenses.

Otra vez la narrativa terminó volteándosele a Palacio Nacional.

Y mientras sigue avanzando EU y siguen señalando gente, ya comienzan a trascender nuevos nombres dentro de las listas que estarían bajo la lupa norteamericana. Entre los rumores políticos más fuertes aparecen Adán Augusto y Andy López Beltrán como posibles siguientes objetivos de extradición.

El problema para Morena es que la presión ya no solamente es judicial o política. Ahora también es financiera.

Y ahí es donde se empieza a poner verdaderamente delicado el asunto.

Por si fuera poco, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, pidió mano firme de los aliados para combatir a organizaciones terroristas, desde Hezbollah hasta el Cártel de Sinaloa. Dijo que a medida que las amenazas trascienden fronteras, la unidad de propósito también debe trascender cualquier límite.

Y no es cualquier comparación.

Hezbollah es una organización islamista armada de Medio Oriente, señalada durante años por gobiernos occidentales por operaciones de terrorismo, lavado de dinero, tráfico de armas y financiamiento clandestino. Que el secretario del Tesoro haya puesto al mismo nivel a Hezbollah y al Cártel de Sinaloa deja clarísimo hacia dónde va la estrategia norteamericana.

La línea gabacha ya no solamente es capturar capos o judicializar expedientes. Ahora van directamente contra las estructuras financieras, las empresas fachada, los prestanombres, el lavado de dinero y el congelamiento de cuentas. Van tras el dinero del crimen organizado, que mueve miles de millones de dólares en todo el continente.

Y en medio de toda esta sacudida internacional apareció otro nombre que comienza a prender focos rojos dentro de la izquierda latinoamericana: José Luis Rodríguez Zapatero.

El expresidente español está siendo investigado por una presunta red de tráfico de influencias y lavado de dinero ligada al caso Plus Ultra. Las autoridades españolas ya lo colocan como presunto líder de una estructura de intermediación y operaciones financieras.

Y aquí el asunto se vuelve todavía más político.

Porque Zapatero no es un personaje cualquiera dentro de la izquierda internacional. Durante años fue pieza clave en la narrativa del socialismo latinoamericano, cercano a Nicolás Maduro, al eje bolivariano y también muy cercano políticamente a López Obrador. Compartían agenda, narrativa regional y visión política.

De hecho, voces como Simón Levy ya comenzaron a advertir públicamente que Zapatero va a ser extraditado por las autoridades estadounidenses por sus presuntos vínculos financieros y políticos en América Latina. Por ahora son versiones y especulaciones políticas, pero reflejan el tamaño del nerviosismo que existe dentro de ciertos sectores de la izquierda continental.

Y mientras todo esto ocurre, en redes y círculos políticos internacionales ya comenzaron las apuestas sobre el anuncio que podría realizar hoy el Departamento de Justicia de EU

Diversos analistas, influencers políticos y operadores internacionales aseguran que podría venir una ofensiva judicial fuerte contra la cúpula cubana, incluyendo posibles acusaciones criminales contra Raúl Castro y miembros del régimen de Miguel Díaz-Canel.

Porque el objetivo de Donald Trump y Marco Rubio parece cada vez más claro: desmontar las estructuras políticas, financieras e ideológicas del bloque de izquierda latinoamericano.

Y mientras eso ocurre afuera, Morena sigue acumulando errores adentro.

Ahí está también el fracaso de la marcha del fin de semana. Ahí están las declaraciones mal calculadas. Ahí está también Andrés Manuel López Obrador, que fue abucheado al salir de su rancho La Chingada. Y mientras todo eso pasa, el partido sigue sin poder definir siquiera sus tiempos políticos.

Querían desde junio comenzar a elegir candidatos a gubernaturas. Querían adelantarse a todos por mera soberbia política, creyendo que podían imponer agenda y tiempos. Pero el tiro les salió por la culata.

Entre Trump, Rubio y compañía, Morena terminó reculando y ya no tiene claridad sobre cuándo ni cómo elegirá candidatos.

La agenda ya no la están imponiendo desde Palacio Nacional en las mañaneras.

Se las están imponiendo desde gringolandía.

Y mientras el enemigo se equivoca solo, el PAN y sus aliados simplemente observan de lejos. Porque en política hay una regla básica: si el adversario se está hundiendo solo, no hay que estorbarlo.

Y dentro del propio morenismo ya empezaron los reclamos.

En Chihuahua capital comenzaron a señalar a Marco Quezada, Miguel La Torre y Miguel Riggs por no movilizar estructura ni gente para la marcha. Los tres aspiran a aparecer en la boleta el próximo año y ninguno pudo demostrar operación política real.

En Cuauhtémoc también hubo reclamos contra Lupita Pérez y el diputado Nono Corral, a quienes acusan de esconderse.

Al mismo tiempo, Javier Corral prácticamente volvió a deslindarse de Morena. En entrevistas dijo que él no es militante y que no coincide con muchas cosas del partido. Pero pues bueno, mientras ese mismo partido le siga dando cobijo político y fuero, le sigue sirviendo bastante.

Nomás que al exgobernador parece olvidársele un pequeño detalle: el fuero tiene fecha de vencimiento.

Por cierto, quien sí aprovechó para darle su raspón fue Cruz Pérez Cuéllar. El alcalde juarense aprovechó la marcha para criticar fuerte a Corral: dijo que su historia política es muy triste, marcando distancia y dejando claro que dentro de Morena muchos ya quieren sacudirse ese apellido políticamente tóxico.

Y hablando de Cruz, este domingo estará en Delicias para reunirse con medios de comunicación y amigos en un conocido hotel de la ciudad. Después sostendrá otros encuentros políticos y sociales organizados por Luis Villalobos, su principal operador político en la región. Ya veremos y diremos qué declaraciones se avienta el de Juárez, pero lo que es seguro es que serán controversiales, claro, para que la raza tenga de qué hablar en la semana.

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