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InicioEl grilleroColumna política miércoles 10 de junio de 2026

Columna política miércoles 10 de junio de 2026

La que de plano no sale de una para meterse en otra es Daniela Álvarez.

El fin de semana armó el llamado terremoto azul, una especie de simulacro panista rumbo a la elección del 27. Hasta ahí, todo bien. El problema vino cuando en Camargo y Jiménez circularon volantes desde los comités municipales donde el evento aparecía prácticamente con dedicatoria: Daniela Álvarez y Marco Bonilla como invitados especiales.

Y ahí fue donde volvió a temblar, pero hacia adentro del PAN.

Porque desde hace meses se han instalado mesas de trabajo con los distintos aspirantes a la gubernatura, con el compromiso de mantener piso parejo, cuidar las formas y no cargarle los dados a nadie. Pero Daniela, en lugar de cuidar la cancha, terminó abriéndose con Bonilla.

La pregunta que ya empezó a correr entre los panistas es obligada: ¿los comités de Camargo y Jiménez se mandaron solos o desde el Estatal ya les están bajando línea para abrirse con Marco?

Porque una cosa es que un alcalde vaya como invitado a un evento panista. Y otra muy distinta es que desde los comités municipales empiecen a circular flyers donde el mensaje político parece más cargado que tómbola de feria.

No es cosa menor. No se enchila nada más el aspirante que se siente desplazado; se enchilan sus equipos, sus operadores y sus simpatizantes en los municipios. Y esos son los que luego tienen que salir a tocar puertas, defender la camiseta y aguantar los madrazos de campaña.

Daniela ya venía raspada por aquellos espectaculares donde apareció promocionándose, después de haber dicho que no buscaría candidatura y que su tarea era conducir a los azules hasta el fin del proceso electoral. Tuvo que recular, bajarlos, pero no le bajó al protagonismo.

Ahora, con esto del fin de semana, vuelve a dejar la impresión de que el Partido tomó partido. Y cuando el árbitro se pone la camiseta de un equipo, las reglas no se aplican igual.

Por eso suena cada vez más fuerte la exigencia interna. Desde hace tiempo, en diversas columnas estatales ya se menciona que Álvarez debería renunciar a CDE y buscar de una vez la candidatura que trae entre ceja y ceja en Juárez, ya sea para la alcaldía o para un distrito local.

Desde la dirigencia, lejos de ayudarle al panismo, le está revolviendo el gallinero a todos los aspirantes.

Mal y de malas para México.

A unas horas de que arranque la fiesta mundialista, la Embajada de Estados Unidos en México salió con el balde de agua fría.

Publicó el mapa del país. Y no precisamente para presumir playas, estadios ni tacos.

La advertencia fue directa para sus connacionales: revisen bien a qué estado van, porque México no está parejo. Hay zonas para turistear, zonas para pensarlo dos veces y zonas donde de plano el mensaje es: no vayan.

En rojo intenso aparecen los de siempre: Sinaloa, Zacatecas, Colima, Michoacán, Guerrero y Tamaulipas. La galería nacional del mejor no le juegue al valiente.

Pero el golpe político viene más abajo. En naranja aparece Chihuahua, donde EU pide reconsiderar los viajes. Y también Jalisco.

Trágueme tierra. Porque Jalisco no es cualquier punto en el mapa. Es sede mundialista. Y Nuevo León, otra sede, también aparece con advertencias para extremar precauciones.

El problema para el gobierno mexicano no es sólo el mensaje. Es el momento.

Porque el turista mundialista no viene nada más a sentarse en el estadio, gritar un gol y regresarse al hotel. Viene a moverse. A conocer. A cruzar estados. A gastar dólares. A tomarse la foto bonita.

Y los gringos, horas antes del arranque, les acaban de decir: sí vayan, pero lean bien el mapa… porque hay partes donde la postal puede salir bastante cara. Eso prende alarmas.

Y en Palacio Nacional deberían estar oyendo sirenas.

Pero hablando de Palacio, todo indica que Claudia Sheinbaum no irá a la inauguración ni al primer partido de México contra Sudáfrica.

Oficialmente podrán decir misa. Pero en corto, la lectura es otra: le sacó al respetable. Y es que una cosa son las encuestas planchadas, los aplausos mañaneros y los auditorios controlados. Otra muy distinta es meterse al Azteca lleno, con país encima, cerveza en mano y garganta libre.

Ahí no hay quién modere comentarios. Ahí no hay quién baje el volumen.

Si la popularidad anda por las nubes, como presumen, pues qué mejor lugar para comprobarlo que el estadio más grande del país.

Pero parece que prefirieron no tentar al destino. Inédito, por decirlo suave.

Porque a una fiesta mundialista no le saca cualquier mandatario. Menos cuando el país es anfitrión.

Y para cerrar el cuadro, el viernes viene la reunión de seguridad entre México y Estados Unidos.

Ahí estará el embajador Ronald Johnson, el mismo al que hace poco la Presidenta le dijo que se callara y no se metiera en asuntos mexicanos.

Pues ahora se va a sentar con los gabinetes de seguridad. Calladito no viene.

Los temas sobre la mesa no son de trámite: extradiciones, visas canceladas, nuevas órdenes y expedientes que huelen a incendio.

Ahí entran los nombres que ya circulan: Rocha Moya, Adán Augusto y compañía.

La 4T quiso vender Mundial, fiesta y estabilidad. Pero arrancan con alerta de viaje, sedes bajo advertencia, presidenta ausente y los gringos tocando la puerta con carpeta en mano.

Días negros. Y apenas va a rodar el balón.

La larga memoria

Cuánto hacía que la muy noble y señorial CDMX no vivía días tan aciagos como los que hoy vive.

Vaya un somero recuento.

El desastre de la toma y destrucción de la gran Tenochtitlán por 100 mil tlaxcaltecas, unas decenas de extranjeros encabezados por Hernán Cortés, sus nueve o diez caballos y los mortales arcabuces.

El terror de sus habitantes cuando estuvo a punto de perecer ante las hordas incontroladas de Miguel Hidalgo.

Los años terribles de la Santa Inquisición.

Tantas inundaciones y temblores que ha sufrido.

La fiebre española de 1918.

Los regímenes que se la disputaron durante los primeros 20 años de la Independencia.

La atroz guerra entre liberales y conservadores, cuando en lo que menos pensaban era en pedir perdón o perdonar.

El efímero imperio de Maximiliano, precedido por la cruel Ley del 25 de enero de 1862 y rematado después por el decreto imperial del 3 de octubre de 1865, que dio libre camino a los fusilamientos a discreción.

La Decena Trágica, el baño de sangre que mató a los hermanos Madero, a Pino Suárez y a tantos inermes ciudadanos.

Las numerosas tomas por parte de carrancistas, villistas y zapatistas, que sectorizaron la ciudad repartiéndose la sangre de sus víctimas.

La caída del Ángel de la Independencia, la masacre estudiantil del 68, el Jueves de Corpus, los miles de muertos aún sin contar de septiembre del 85.

Y ahora, en pleno siglo de la inteligencia y la ciencia, esto del Mundial de Futbol y sus daños colaterales.

Ahora sus calles destrozadas, sus monumentos vandalizados, su comercio en quiebra, su Centro Histórico en la ruina de las ambiciones humanas desatadas, su Plaza Mayor amurallada, su Palacio de Gobierno oscuro, cerrado y triste.

Para infortunio nuestro, de nuestra generación, se cumple la advertencia de Porfirio Díaz: cuidado con despertar al tigre.

El viejo y maldito dictador sabía de lo que hablaba.

Sin matices: se acabó el apotegma de Maradona cuando cayó de su glorioso pedestal deportivo: el balón sí se mancha.

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